La psicóloga y experta en bienestar repasa los beneficios que el hábito de la lectura aporta desde el ámbito de la neurociencia así como su impacto sobre la longevidad.
Tal como explica la psicóloga y doctora en Neurociencia, Ana Asensio (@vidasenpositivo_anaasensio), autora de ‘Escucha tu intuición’ (Rocaeditorial) y ‘Neurofelicidad’, leer no es solo un placer, sino que supone un entrenamiento invisible para el cerebro. «La lectura es como un gimnasio para el cerebro, ya que fortalece la memoria, la atención, y la capacidad de concentración», aclara. La experta aclara, en este sentido, que cuando leemos se activan numerosas redes neuronales que trabajan de forma coordinada como son el área del lenguaje y la corteza prefrontal, que se encargan de la atención y la planificación; así como las regiones relacionadas con la imaginación y la empatía. Así lo corrobora un estudio reciente de la Universidad de Stanford, que cita la Dra. Asensio, según el cuál se demostró que leer es de las pocas actividades que estimulan el cerebro de forma tan global y completa.
La lectura protege el cerebro
La lectura frecuente es además un factor protector del cerebro. De hecho recientes investigaciones publicadas en ‘Neurology’ (Wilson et al., 2013) mostraron que las personas que tienen el hábito de leer regularmente tienen un 32% menos de riesgo de deterioro cognitivo en la vejez. La explicación a esto es sencilla, según plantea la Dra. Asensio, ya que cada vez que leemos construimos lo que en neurociencia llamamos «reserva cognitiva», que es, según describe la experta, «como un colchón o bolsa de conexiones neuronales que protegen al cerebro frente al envejecimiento y frente a posibles enfermedades de deterioro cognitivo».
Leer, por tanto, sería algo así como abrirte una cuenta en el banco y ahorrar para tener una «cuenta cerebral» saludable. «Leer no es un pasatiempo, sino que permite construir una reserva cognitiva para envejecer mejor», explica Asensio.
Al igual que los músculos necesitan entrenamiento para mantenerse fuertes, la mente necesita desafíos y estímulos. Y aquí es donde juega un papel importante la lectura, pues, tal como recuerda la autora de ‘Neurofelicidad’, leer favorece la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para crear y fortalecer conexiones neuronales nuevas. Además, mejora la empatía, ya que cuando el lector conecta con el texto y se mete en la piel de un personaje se activan las mismas redes neuronales que se usan para comprender a los demás en la vida real. «Leer podría ser un entrenamiento silencioso para ser más humanos, comprender más a los demás y prepararnos para estar más conectados», explica la experta que, no obstante, insiste igualmente en la importancia de complementar esta actividad con la sociabilidad real.
Además, en un momento en el que el consumo de contenidos digitales está fragmentando la capacidad de atención, los libros ofrecen un antídoto natural: favorecen la concentración sostenida y la memoria de trabajo, aspectos clave para el rendimiento intelectual y el bienestar mental. De hecho, según un estudio realizado por la Universidad de Sussex, en el que se midieron los niveles de estrés de un grupo de voluntarios antes y después de leer, bastaron únicamente seis minutos de lectura para reducir dichos niveles en el 68%. Este dato, obtenido tras comparar parámetros fisiológicos y psicológicos, sitúa la lectura como una de las actividades más efectivas para relajarse, superando incluso a escuchar música o dar un paseo.
Capacidades cerebrales que trabaja la lectura
- La memoria de trabajo, porque vamos reteniendo información y aprendiendo cosas nuevas mientras seguimos el relato.
- La atención sostenida, ya que leer requiere concentración prolongada en un mundo lleno de distracciones.
- El lenguaje y el vocabulario, enriqueciendo la expresión oral y escrita.
- La imaginación y la creatividad, porque el cerebro dibuja imágenes, escenarios y emociones a partir de palabras escritas.
- La empatía y la inteligencia emocional, al ponernos en el lugar de los personajes.
- Es una vacuna emocional y cognitiva, pues nos hace más empáticos, creativos y resilientes.
Leer, por tanto, no solo contribuye a ampliar los conocimientos, sino también permite que el lector habitual sea más resiliente y empático. Es un acto de autocuidado cerebral. «Cada página que se lee es un acto de autocuidado, un abrazo para la mente y un regalo para el futuro», concluye Asensio.
(Fuente: Diario ABC)